Gonzalo Contreras: "No hay nada peor que la histeria mediática; Bolaño es un caso de eso"
Cultura / Literatura
6 de junio de 2017
Colección: Bolaño
Mientras prepara la continuación de “El nadador”, repasa el ambiente literario nacional.
Por J.C. Ramírez Figueroa
Por estos días Gonzalo Contreras trabaja en el libro sucesor de “Mañana” (2015) y que él define como “una continuación de ‘El nadador’”. Se trata de una novela que nace a partir de la hija de Max Borda, protagonista de la obra de 1995 y que fue señalada por la crítica como pieza fundamental de la nueva narrativa chilena.
Sin embargo, no tiene problemas en desconectarse del trabajo y mantener las aguas que lo han separado con varios de sus colegas. Fue hace más de una década, en el desaparecido Diario Siete, cuando Germán Marín usaba el término “nenes” para aludir a los jóvenes que lo admiraban tras su regreso a Chile en 1992, después del exilio en México y España.
Contreras reaccionó en una columna en La Tercera disparando con nombre y apellido: Rafael Gumucio, Alejandro Zambra, Álvaro Bisama, Camilo Marks, Andrés Gómez Bravo y Matías Rivas. Los acusaba de “talibanes” que conspiraban para hacerlo ganar el Premio Nacional (que hasta ahora no obtiene) y, de paso, controlar el ambiente literario chileno.
“Cuando dijo que al ser atacado movilizaba a sus ‘nenes’, me pareció ilustrativo de un fenómeno por entonces incipiente: la extraña convivencia y redes de protección entre autores, academia y medios”, dice ahora Contreras.
Al parecer la guerra continuó y se manifiesta en cosas como las críticas cada vez que Contreras saca una novela —“Mecánica celeste” (2013), “Mañana” (2015)—. Y él a su vez responde a críticos y autores, que a su vez vuelven a responder.
“Qué espíritu de cuerpo, qué escritores más institucionales”, dice con ironía. Y agrega: “Me gusta y divierte sacudir esas estructuras por el revuelo que se arma cuando se les interpela, porque uno de sus desvelos ha sido justamente ése, no ser tocados, analizados, cuestionados”.
Dice que sus admiradores estaban “más preocupados de ocupar situaciones de poder que de producir una obra significativa” y que bajo su influencia aparecen ciertos escritores jóvenes, pero se omiten otros (cita a David Núñez, Nicolás Bernales y Luis Felipe Sauvalle).
“Hay mucha sumisión”
Para el entrevistado “el ambiente intelectual debe ser el campo de batalla de la civilización”. Algo que choca con “esta suerte de letargo, complacencias mutuas, amiguismos y ternuras que han vuelto gris y burocrática la creación literaria actual”.
—¿De verdad Marín concentró tanto poder?
—Todavía está muy activo. A veces lo diviso en un café, acompañado de Juan Manuel Vial, impartiendo instrucciones.
—¿Cómo evalúas las carreras de esos “nenes”?
—Sacaría de ahí a Pato Fernández, porque hace camino propio. Los demás son todos funcionarios o profesores de la misma universidad. Me cuesta verlos por separado.
—En ese texto criticabas el rol de la prensa y la crítica.
—No hay nada peor que la histeria mediática; Bolaño es un caso de eso. Son euforias desmedidas que intentan reemplazar el ejercicio crítico al que se sometió toda obra de creación. El análisis de un libro no puede ser una cosa meramente emocional o una cuestión de adhesiones o pertenencias. La obra debe hablar desde sí misma. Hay mucha sumisión de los críticos.
—¿Por qué crees que bajo ese contexto se pusieron de moda las novelas sin trama y con un párrafo por página?
—Se debe a esos escritores que se autodefinieron como la “generación de los niños” o “de los hijos”, que refiere todos sus males al papá y a la mamá. Pero son muy injustos, porque son ellos a los que les compraron el Atari y el PlayStation que jugaron durante toda la dictadura y luego la transición.
—¿Es peor nuestra escena cultural comparada con otras?
—Es lo mismo. La crítica posmoderna no se refiere al valor de la obra, sino a quién es el autor, su procedencia, si pertenece o no a determinada minoría oprimida, si tiene credenciales en sufrimiento y segregación. Es así en todo el mundo.



