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La Segunda · 2015 · entrevista · Entrevista a Juan Pablo Langlois

Juan Pablo Langlois: "Yo soy la típica oveja negra de la familia"

Cultura / Artes visuales

7 de agosto de 2015

A los 79 años, se cambió de casa y sigue haciendo lo que más le gusta: figuras a partir de diarios. “Siempre busco la realidad desde el material más alejado de ella”.

Por J.C. Ramírez Figueroa

“Tengo café instantáneo. ¡Pero es una mierda! Yo prefiero el de cafetera. O el árabe, mi favorito, porque es el más rápido de preparar… Ya, ¿cuál de los tres quieres?”, dice Juan Pablo Langlois Vicuña desde la cocina de su nueva casa/taller de Bellavista. “Si me lo propone así, ¡árabe, sin duda!”. Él se ríe, dice que me abrigue porque acá hace frío, y diserta sobre cómo revolver la taza para obtener una preparación óptima.

A sus 79 años, el artista fue responsable de “Cuerpos blandos”, la primera instalación en la historia de Chile: una serpiente de 200 metros de largo, hecha de bolsas de basura rellenas de papeles de diario que cubrió el Museo Nacional de Bellas Artes en 1969. Arte efímero que perfeccionó desde “Monumentos” (1971) —donde sacaba las estatuas y dejaba sólo las bases— hasta “Papeles ordinarios” (2006), donde una treintena de figuras humanas practicaban todas las posibilidades del sexo, incluyendo la zoofilia. “Más allá de teorías artísticas, lo que me interesa en esas obras es resaltar prácticas de las que no se habla y que les provocan cosas a la gente”, dirá más adelante. Todo esto, usando materiales de desecho, desde pelos recolectados de peluquerías del centro de Santiago hasta los diarios cuyos titulares sólo lee años después, cuando reordena sus piezas en Paine.

—Su nombre suena fuerte para el Premio Nacional de Arte.

—Así parece. Hace poco no estaba ni enterado de eso.

—¿Se enteró por la prensa?

—Sí. Parece que ahora uno se lo puede ganar sin postular oficialmente, ¿no es cierto?

—Sí. En 2013, nadie esperaba que lo ganara Alfredo Jaar. Lo consideraban muy “joven”.

—Lo más importante de ese premio es la plata. ¿Cierto? Eso estaría bueno.

Efectivamente, el monto del galardón es interesante: 18 millones y una pensión vitalicia de 20 UTM. Sin embargo, su obra deberá competir a fines de mes con gigantes como Roser Bru, Lotty Rosenfeld y Eduardo Martínez Bonatti.

Langlois se ríe, acomodándose en el pequeño living mientras la lluvia pega fuerte en el techo. Se cambió hace poco de Lastarria. “Me tenía aburrido tanta gente, tanto movimiento”. Hay una estufa a media potencia, una mesa de trabajo y una biblioteca con muchas bolsas de papel. En ellas están sus libros y cuadernos con sus proyectos históricos. También los que no pudo concretar. “Las obras pasan, pero las ideas quedan allí. Por eso me interesan. Aparte, acá es seguro. ¿Qué ladrón va a imaginar que en esta casa hay plata? Ellos buscan otras cosas”.

El problema poblacional

La obra de Langlois es inclasificable. No tiene nada que ver con la llamada “escena de avanzada” de Carlos Altamirano, Raúl Zurita o Carlos Leppe. Simple y al grano. Quizá porque en vez de estudiar arte, prefirió la arquitectura en la U. Católica de Valparaíso y luego, en vez de hacer clases o participar en eventos artísticos, estuvo en la administración pública, en la Junta Aeronáutica Civil. Langlois era su “chapa” de artista; Vicuña, la de funcionario.

Aunque no le interesa la política partidista, se alineó a la lucha antidictatorial en los 80. Incluso, sintió remordimiento al hacer la obra “El pan”, con 21 clases de pan, pintadas a mano y timbradas con anilina comestible. “Considerando el hambre de la época, para el lanzamiento se repartió precisamente pan a los asistentes”. Sabe que es un gesto, nomás. Como cuando hizo “Cuerpos blandos”, y contrató a unos adolescentes de una toma y les pagó para que le ayudaran a acarrear sus obras. Por eso le da rabia que en el cine —que le gusta mucho— los directores sólo expongan los problemas de la élite.

“Nunca los cineastas se han ido al fondo del problema poblacional. Las noticias sí lo hacen. Qué pena que no se trabaje con otros tipos de persona. Me interesa más ver lo que pasa en una población. Es raro que en Chile se esconda eso. Nunca lo muestran”.

Y explica: “Mi abuelo era inglés. Mi papá era banquero. Yo soy la típica oveja negra de la familia. Jajaja. Por eso mismo me gustaría ver otras realidades de Chile. Ya estoy aburrido de ver siempre al mismo grupo y sus problemas”.

Dice que “los 70 y 80 fueron insoportables”. Y que empezó a aislarse de la vida social en esa época. “Yo me sumí en mí mismo. Se acabó un mundo que era el descueve, lleno de noche y de baile. Podías hacer amigos, hablar horas con una mina que te gustaba. Todo eso terminó”.

“Nadie me pescó”

“Este vale dos millones de pesos. Hay sólo cinco copias en el mundo. ¡No está en internet!”, dice Langlois, sosteniendo un cuaderno con notas, bosquejos y fotografías originales de su famosa primera instalación.

Nemesio Antúnez le había echado el ojo cuando vivía en una especie de casa okupa —el “esqueleto” de una vivienda, en rigor— y la había cubierto de tal forma, que ni la lluvia lo mojaba, y donde podía hacer sus obras con desechos. Le pidió un proyecto y lo llevó directo al museo. A los pocos días, Nemesio se enfermó, el Presidente Frei tenía un evento y se decidió sacar la obra —que cubriría pisos y paredes—, para que los invitados no se tropezaran. La serpiente terminó en un depósito entre añosos retratos y paisajes. Toda esa aventura aparece en el libro.

—Este material debe ser más valioso. ¡Fue la primera instalación del país!

—Bah. Cuando la hice, ni siquiera nadie me pescó. Ni la criticaron. Pasó sin pena ni gloria.

—¿Ni una reseña en el diario?

—Nada. Terminó en el subterráneo. De ahí hay esas fotos famosas, donde aparece este “chorizo” entre todas esas obras que estaban arrumbadas.

—¿Y le afectó? ¿Le dio rabia?

—No. Sólo pensaba que era triste haber hecho tanto esfuerzo y que a nadie le hubiera importado.

—Ya, pero después todos hablaban de ellas.

—¡Sí! ¡Y las interpretaban! Lo chistoso es que las hice, nomás. Porque sí, sin pensarlo tanto, sin tanta conciencia.

En el segundo piso tiene su cama y sus libros. Dice que es más de estar solo, caminar, leer y ver películas. Aunque eso no impide que pueda conversar durante dos horas sin perder el hilo jamás.

—No quiero ser indiscreto, ¿pero está saliendo con alguien?

—No. Me gustan mucho las mujeres, pero es tiempo de descanso.

Y se ríe, este hombre de 5 hijos y al menos “3 relaciones importantes”.

No pescar

Cuando lo invitan a una cena con artistas, Langlois no habla nada. En parte, asegura, porque no lo “pescan”. Pero sobre todo, porque le aburre conversar con aquellos que sólo hablan de sus propios trabajos. También es su carácter. “Yo escucho, nomás. Es que soy muy tímido. A veces digo algo y todos se dan vuelta y se produce un silencio. Puede ser una tontera, pero como había estado en silencio, se vuelve importante. Aparte, se dan tanta importancia. Para mí, lo único serio es cuando estoy trabajando en una obra”.

En efecto, Langlois cuida sus obras, a pesar de que sabe que terminarán destruyéndose. En la mesa descubre unos peces hechos de diario. Los mira y vuelve a guardar con sumo cuidado. A pura intuición y sin mayores influencias —a Duchamp ni siquiera lo conocía cuando lo comparaban con él— terminó perfeccionando su técnica. Tuvo, incluso, un período de plasticina, hasta llegar a las esculturas, el sexo y la escala natural.

“Son cosas que existen. Tabúes que dan vueltas en la cabeza y que hay que sacar afuera. Soy de una generación en la que todo esto pasaba, pero no se hablaba. Los curas del colegio manoseaban a las niñas, pero para todos estaba bien. Eran seres sagrados. Ahora eso ya no se ve así. Y eso está muy bien”.

—Permítame decirle que noto urgencia en sus piezas. Como que tiene necesidad de sacar lo que tiene, que agarró el primer material que tenía más a mano.

—¡Exactamente! Es así. ¿Para qué complicarse mandando a fundir materiales o contratando gente? Hay que hacerlo uno mismo, rápido.

—Usted tampoco viaja a exponer afuera…

—Es que mi lugar está acá. Nunca me ha gustado ir para afuera. No me interesa. ¿Por qué tenemos que esperar la aprobación del hemisferio norte? Hay una ansiedad de los artistas por hacer obras que te hagan irte de Chile. Yo no soy de esos. Estoy muy tranquilo acá.


Nuevo libro: “Decadencia de la mentira”

Actualmente está preparando un libro objeto que, a diferencia del famoso “De Langlois a Vicuña”, no será sobre su obra, sino acerca de su particular interpretación del texto “La decadencia de la mentira”, de Oscar Wilde, donde extrae una oración por página, le da un color distinto a cada letra, sin que se pierda lo que el libro quiere comunicar. Además de Wilde, el artista ama la poesía. De Huidobro a Nicanor Parra. “Me gusta esa potencia que tiene la palabra aislada, que en un párrafo se pierde”.

Esa idea trasladada a las artes visuales brilla más adelante. Manipulando papeles de diario empezó a crear figuras humanas. Simples, elocuentes, menos-es-más. Primero gigantes, luego a escala natural. O casi. “Siempre los hago un poco más chicos. No sé por qué. Como que termino las cabezas a la altura del ojo”.


Su primer trabajo, titiritero: “Conectarme a la realidad con papel”

A Langlois, considerado por algunos como “Padre del Arte Contemporáneo Chileno”, le gusta reírse mucho. Como si se hubiera descubierto una clave que por muy obvia que pueda ser, no está tan explícita.

—La mejor crítica que me han hecho fue de Justo Pastor Mellado. Para una exposición en el Museo de la Solidaridad escribió que nunca dejé de trabajar con títeres.

—¿Usted fue titiritero?

—Sí, cuando joven, para ganarme unos pesos, iba a cumpleaños y hacía cuentos para los niños. Bueno, Justo decía que ahora hago muñecos pero para grandes y a través de eso construyo escenas que se relacionan con la realidad. Pero mira, esto es importante: lo que hago son figuras reales. Los rostros están próximos a la realidad. Por eso les ponía cabello o les hacía dientes de plastilina también. Yo hice un esfuerzo enorme para conectarme con la realidad, ¡pero con papel de diario, que es lo más lejano de la realidad! Siempre quise acercarme al mundo de la realidad pero, al mismo tiempo, teniendo claro que, por los materiales, estoy distante de ella.

Página 44 de la sección Mira de La Segunda con el retrato de Juan Pablo Langlois y el titular 'Yo soy la típica oveja negra de la familia' Página 45 con la continuación de la entrevista, los recuadros sobre su nuevo libro y su etapa de titiritero, y fotos de 'Cuerpos blandos' y sus esculturas de papel
Las dos páginas de la entrevista en La Segunda. Clic para ampliar.

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