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La Segunda · 2015 · perfil

La operación retorno de Jorge González

Cultura / Música

29 de mayo de 2015

Esta semana lanzó un clip y empezó a ir al gimnasio. Dos hitos que preparan el camino para su disco “Trenes” y su recuperación definitiva.

Por J.C. Ramírez Figueroa

El miércoles, Jorge González, como todos los días, se levantó temprano, se hizo un café y escuchó música en su computador. Luego, caminó a la Clínica Santa María, que está a un par de cuadras del departamento donde vive hoy.

Casi de inmediato un usuario de Twitter advirtió que lo habían visto entrando al lugar. Nada que temer: era su primer día asistiendo al gimnasio del centro médico.

El entorno del cantante ya tiene asumido que, en estos tiempos, cualquiera de sus pasos será registrado en tiempo real en las redes sociales. Con troleos y acoso mediático incluidos. Por eso lo cuidan, preocupándose de buscarlo en auto para llevarlo a asados los fines de semana o dar vueltas por Santiago.

Pero a él, a 4 meses exactos de su infarto vascular, lo único que le importa es volver a los escenarios. Incluso, en su peor momento, cuando era sometido a escáneres en Concepción tras su errático show en Nacimiento, el autor de “Paramar” creía que iba a estar internado un par de días y listo: a continuar la gira nacional.

Estas últimas semanas, junto a sus músicos y manager, Alfonso Carbone, ha diseñado un plan de 3 etapas claras y calendarizadas. Primero, lanzar en junio el disco “Trenes”. Colección de 10 canciones íntimas e intensas, en la línea del single “Nada es para siempre”, lanzado esta semana y donde aparecía bastante recuperado.

La producción, instrumentos y arreglos fueron realizados por él en su estudio casero de Friedrichshain, vibrante barrio obrero de Berlín oriental. Tal como sus dos anteriores obras —“Libro” (2013) y “Naked Tunes” (2014)— y que completaría la llamada por él mismo “trilogía de Berlín”, haciéndole un guiño a lo hecho por David Bowie a fines de los 70. Ese mismo mes retornará a los estudios, grabando una pieza del nuevo disco de su guitarrista y amigo Gonzalo Yáñez.

Segundo: su vuelta a los escenarios en septiembre en un show breve, que funcionará como lanzamiento del álbum y preestreno en sociedad.

Tercero: un recital extenso programado para diciembre y que marca el reinicio de la gira por Chile —interrumpida por su afección— y que incluirá, posiblemente, el Lollapalooza 2016.

“Yo sé lo que es bueno para mí”

—Yo sé lo que es bueno para mí.

Eso ha dicho González a sus amigos sobre esta rápida rehabilitación. Los que imaginan a un González furioso e indomable —como le perfila cierta fantasía popular— con doctores y especialistas, se llevarán una sorpresa si lo vieran ante su neurólogo, kinesiólogo o fonoaudiólogo.

Disciplinado y obediente, el cantante se somete a los extenuantes ejercicios de vocalización. “Ahhh”. Pausa. “Ahhh”. Pausa. Esto lo cuenta un cercano que ha debido acompañarlo. “Dan ganas de sacarse el sombrero ante su fuerza y ganas de vivir. Y él sí que lo conocía del lado oscuro. Pero es como un gato. Tiene siete vidas”, complementa.

Aunque el aludido tras el incidente no ha dado entrevistas ni menos grabado esos celebrados videos en YouTube (donde es capaz de relatar una hora de anécdotas de los 80), habría que revisar viejas entrevistas noventeras donde él mismo se sorprende de su supervivencia. “Estoy vivo porque Dios es grande nomás”, dijo en una radio, sin ironía.

La trastienda de esta última crisis comenzó el 27 de enero durante un vuelo Berlín-Santiago de Chile. La gira chilena abrió el 30 de enero en Santa Juana y esperaba un aterrizaje tranquilo, pero un pasajero enfermo de gravedad obligó a aterrizar en Palma de Mallorca. Esas 30 horas encerrado en el avión junto a la transición de los -7 grados berlineses a los 34 de la capital nacional, comenzaron a afectarlo.

En este primer show en la VIII Región se equivocó de notas cuando tocaba el piano. Algo raro, considerando su experiencia. Pero nadie dio importancia. A su leve decaimiento, tampoco. Su interés por la medicina natural lo ha hecho desconfiar de los doctores y esperaba que estos malestares pasaran. Su segunda presentación en noviembre, que puede chequearse en YouTube, encendió las alarmas.

Sólo por la insistencia de Carbone, el primer doctor que lo atendió en Concepción decidió hacerle exámenes (su primera tesis era gripe) y lo derivaron inmediatamente a un especialista.

“Nos explicó que habían sido varios infartos. Todos en Alemania, antes de venir a tocar a Chile. ¡Todos pensábamos que era un resfriado! Era una mancha gris en el cerebro. Se le veía claramente”, explica un acompañante de la gira.

Jorge, aburrido y con ganas de volver a Santiago, tuvo que entregarse a los protocolos médicos. “Él no consume drogas hace diez años. Y cuando lo hizo, lo reconoció públicamente. Créeme que si hubiera sido así habría sido mucho más fácil entender el problema. Lo complicado es que lleva una vida sana. Entonces, no sabemos de dónde vino este problema”, dice la misma fuente.

A inicios de abril, el músico volvió a estar decaído y los doctores —tras un examen de rutina— sugirieron que era mejor internarlo para tenerlo en observación. Algo que motivó todo tipo de especulaciones. A la semana ya estaba fuera, pero en su entorno decidieron buscarle un lugar que quedara más cerca de la clínica que San Miguel, donde se refugió junto a su familia. Pero providencialmente otro pariente tenía un departamento desocupado a cuadras de la Av. Santa María. Hasta allá se trasladó junto a Daniela, la pareja desde hace 3 años y fue captada por la prensa acompañándolo en el aeropuerto y caminando por el parque Bustamante.

Esas imágenes, sin su autorización y donde se le veía aún muy afectado, molestaron mucho en su círculo más íntimo. Lo mismo que la reedición de las memorias de Claudio Narea y sus entrevistas —como anoche en “Vértigo”— donde escarbaba en conflictos de hace treinta años y una supuesta “obsesión” de su ex colega. La sensación de Jorge con ese libro era de “otra vez volvió con lo mismo”, como reitera la fuente. “Pero Narea no es alguien que entre en la dinámica de vida y menos en su trabajo. Además hay un dato objetivo: Jorge, a diferencia de Narea, no ha parado de trabajar y hacer música”.

Este círculo, que lo protege y en cierta forma ayuda a “filtrar” la mala onda, está integrado por los dos hermanos del cantante, el diseñador Marco y la destacada artista Zaida González. También está su hijo Antonino, que dejó sus estudios en Valparaíso para venir a cuidar a su padre. También está Cecilia Aguayo, doctora y ex tecladista de Los Prisioneros en la época de “Corazones”. Lo cierra su papá, Jorge; su mánager, Alfonso Carbone, que informa por Facebook de la evolución del músico; el artista Pedro Piedra y su guitarrista y escudero Gonzalo Yáñez.

Reinventarse

Hay otro desafío para Jorge González, que no tiene que ver con él, sino con su público, que en la última década comenzó a revalorizar su legado solista —y sobre todo— “Corazones”, el disco más pop grabado por Los Prisioneros. Incluso la prensa comenzó a relacionarse con su figura desde el respeto y hay un consenso en torno al error de haber ignorado sus trabajos con la electrónica, la cumbia y la canción de autor. Sin embargo, hay cosas que no cambian y, según un amigo que pide no citar su nombre, siguen molestándolo. Como por ejemplo, que la presentación neoyorkina del disco “Naked Tunes” —grabado en inglés con el alias de Leonino— fuera mal evaluada en EE.UU. y en Chile, donde los comentarios de prensa insistían en lo “extraño” y “particular” del repertorio.

Lo otro es el fantasma de Los Prisioneros. Si bien González tiene la deferencia de interpretar los clásicos, “ya no tienen 20 años, tampoco los tienen quienes crecieron con él, que vuelva el grupo, como muchos sueñan, a esta altura es una ilusión pelotuda”.

Lo cierto es que todos sus amigos saben que, a los 50 años, Jorge González es el único que puede enfrentar todos estos temas y que él sabrá qué pasos dar. “Nosotros debemos proteger del acoso y la maldad de los otros a alguien que es un artista capital para Chile. Pero sabemos, y él más que nadie, que lo que más hay es amor y el respeto de la gente. Y eso, indudablemente, lo ha ayudado a sobrevivir”.


Sus 4 meses de “encierro”: fútbol, comedia, valses peruanos

Los días de recuperación de Jorge González son tranquilos. Ansioso de trabajar en sus canciones —tiene más de 100 compuestas— y volver a tocar en vivo, ha debido someterse a una rutina de ejercicios que ya lo tiene caminando con normalidad, recuperando la movilidad de las manos y hasta pudiendo cantar, lo que hizo hace unas semanas en un homenaje organizado por Yáñez y su mujer. A diferencia de en Los Prisioneros, González puede relajarse y cantar solamente, o pasarse al piano. Sabe que la banda no se va a equivocar.

Se levanta a las 8:00 y a las 12:00 tiene kinesiólogo. El fonoaudiólogo es en la tarde. Todos los días de la semana. Los fines de semana va a la casa de sus papás en San Miguel. Para combatir el aburrimiento está viendo muchas películas o videos en YouTube, como las parodias al mundo del rock del comediante argentino Peter Capusotto. También está leyendo biografías como la de Lou Reed y Leonard Cohen. No lee diarios, ni noticieros, y menos se mete en redes sociales. Lo único contingente es el fútbol. Es de los que cree que Chile debería ganar la Copa América y se mostró alegre por que la justicia le cayera finalmente a la FIFA. La música que suena en su casa la podríamos llamar “atemporal”: Elvis Presley, Atahualpa Yupanqui, María Callas, doo-wop, Carlos Gardel, Ney Matogrosso, Alfredo Zitarrosa, gospel y valses peruanos.

Página 44 de la sección Mira de La Segunda con el retrato de Jorge González y el titular 'La operación retorno de Jorge González' Página 45 con la continuación del reportaje, el recuadro sobre sus meses de recuperación y una foto de González cantando en vivo
Las dos páginas del reportaje en La Segunda. Clic para ampliar.

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