Yes: los sobrevivientes del "prog rock"
Cultura / Música
21 de noviembre de 2010
No es tan fácil definir a Yes, banda estilísticamente esquiva como pocas. Mientras sus colegas “progresivos” —Pink Floyd, Genesis, Jethro Tull, Rush— eran referenciados por la cultura popular, ellos permanecían al margen. Excepto por un hit ochentero que odian sus fans. Se presentan el 25 de noviembre en el Teatro Caupolicán.
Por J.C. Ramírez Figueroa
Un sucio punteo de guitarra eléctrica que dura cinco segundos. Luego, un redoble de batería junto a la guitarra rítmica. Y finalmente, voces en armonía acompañadas de un envolvente órgano Hammond. Así partía “Beyond and Before”, primer tema del debut homónimo de Yes, publicado en 1969.
Una pieza que adelantaba, respectivamente, el rock de garaje, la improvisación blusera y el monumental pop sinfónico que sería la marca registrada de la banda. El disco tenía además un ruidoso cover de los Beatles (“Every Little Thing”) y otro de los Byrds (“I See You”). Y las canciones se expandían dando la oportunidad a cada músico de lucirse.
1. Expandir la canción pop
A fines de los setenta, cuando los Sex Pistols y The Clash habían —supuestamente— roto con todo, la escena del post-punk volvió a mirar a los llamados “emperadores” del rock progresivo. Precisamente, por haber ayudado a expandir la canción pop.
En lugar de centrarse en un estilo particular como Led Zeppelin —quienes los eclipsaron con su debut—, hicieron mezclas insólitas: desde el funk con órganos barrocos (“Looking Around”) hasta sincopados experimentos jazz rock como “Five Per Cent for Nothing”, del “Fragile” (1971), o los paisajes sonoros que van superponiéndose en “Close to the Edge” (1971).
Sin embargo, cuando le preguntan al bajista Chris Squire cuál es el gran legado de su banda, él simplemente responde: “No lo sé, aunque supongo que después de haber trabajado durante 43 años, definitivamente dejamos el legado de ser persistentes”.
2. El órgano como instrumento principal
Si en Deep Purple fueron célebres los duelos entre Ritchie Blackmore (guitarra) y Jon Lord (órgano Hammond), fue con Yes donde los teclados obtuvieron la misma importancia que en Jimi Hendrix tuvo la guitarra eléctrica.
De la mano de Rick Wakeman, que llegó en 1972, la banda obtuvo un sonido característico —gracias al moog— que no por nada es la caricatura con que la generación punk se reía de los viejos rockeros progresivos: teclados descomunales y solos interminables. Sin embargo, el aporte de Wakeman —que se retiró dos años después y regresó en 1976— fue tremendo.
Se dice que en un momento, hastiado del discurso “místico” de su banda, exigió comida india —no china, como se decía— que comió mientras el resto seguía tocando.
3. El arte de tapa
Yes viene de aquella época en que la experiencia rock se vivía en los recitales y los long plays. Y debido al evidente aislamiento del país, la única opción era perderse en las portadas revisando las ilustraciones o las letras de las canciones.
Si hay una banda que cuidó su propuesta como una estética integral, fueron ellos, tanto en sus puestas en escena —algo rimbombantes, hay que reconocerlo— como en sus portadas. Ahí destaca el trabajo de Roger Dean, notable artista-arquitecto-publicista especializado en paisajes fantásticos. Él diseñó, por ejemplo, el arte del “Fragile” y “Close to the Edge”, donde la banda reconocía la estrecha relación entre los dibujos y la música contenida.
4. Camaleónicos
Tal como Pink Floyd logró sus mayores éxitos mediáticos con una balada (“Wish You Were Here”) y una canción disco (¿o acaso “Another Brick in the Wall” era rock sinfónico?), Yes supo adaptarse a la era MTV con un hit que sonó en todos lados: “Owner of a Lonely Heart” (1983).
Una canción descaradamente pop, con un riff antologado por todas las revistas de guitarristas y efectos de sonido “modernos” que hizo que los viejos fans se espantaran. “90125”, el disco que lo contenía, fue el más vendido de su historia.
Steve Howe, el guitarrista, es brutal: “(El disco) ya no tenía nada de Yes, y le hizo tremendo daño a la banda, porque cualquiera que tiene un número Uno en el Top Ten va a tener una presión terrible de la discográfica para hacerlo de nuevo. Fue muy triste, porque en los ’70 nunca habíamos hecho nada comercial. ¡Odiábamos lo comercial! Queríamos ser exitosos en nuestros propios términos. Las discográficas nunca nos presionaron, e igual vendimos millones”, señaló.
Sin embargo, esto era un paso normal en una banda que había pasado de la improvisación, las armonías y la distorsión a las monumentales sinfonías-rock de discos fundamentales como “The Yes Album” (1971) o “Close to the Edge” (1972). Desde allí se lanzaron de cabeza al free jazz en “Relayer” (1974), para pasar al acústico y sorprendente “Going for the One” (1977). Y una vez ahí, de vuelta a la electricidad en “Drama” (1980).
Los mismos músicos, al hacerles notar esto, reconocen a Yes como “un grupo flexible”. ¿Si los llamaron tantas veces progresiva, por qué no podrían progresar? “Es una buena idea que Yes sea una banda flexible y estoy orgulloso de cada uno de nuestros discos. Algunos son bastante diferentes, pero tampoco se puede estar haciendo exactamente lo mismo todo el tiempo. Yes es una banda progresiva y queremos progresar”, confesaba Squire en una entrevista.
Cambian los músicos, sigue el concepto
Se contabilizan más de 16 cambios en la formación original. A Chile vendrán los legendarios Alan White (batería), Chris Squire (bajo) y Steve Howe (guitarra). También vendrá Oliver Wakeman, hijo de Rick (teclados), y Benoît David (voz). Este último, responsable de emular la voz de Jon Anderson, quien tenía problemas respiratorios y está alejado de la banda, según ha declarado Howe. Anderson y Wakeman, precisamente, acaban de lanzar el álbum “The Living Tree”, que incluye tanto inéditos como piezas de Yes.



